Acabo de volver de Valencia.
Para comenzar siendo una visita sin mayores pretensiones que las de conocer la ciudad más de moda del 2007, nunca pensé que aquello me llegara a cautivar tanto.
Cuando mis amigos me contaban las maravillas de comer la auténtica paella valenciana en el restaurante José Luis de la Dehesa, pensé que exageraban.
Si bien, esto último resulta ser uno de los placeres terrenales más recomendables, la ciudad tiene infinitos rincones y experiencias más que no esperaba encontrar.
El amanecer desde la ventana de mi habitación en plena frontera entre la ciudad antigua y la nueva. Sólo separada por un lecho de vegetación frondosa, antes llamado río, los matices naranjas y azulados de un nuevo día presagiaban buen rollo.
Cuando reservé habitación, El Hotel del Carmen me prometía una buena cama y un barrio interesante. Auténtico y lleno de historia antigua y tribus urbanas nuevas. El barrio del Carmen que da nombre a mi hotel, es siempre un seguro de entretenimiento. Una oferta variada de museos muy cerca, las torres de Serrano, el museo del Carmen, la Catedral, etc. Y entre medio de éstos, Tasca el Ángel, la Pilar, la Barbacoa del Carmen, palacios de la comida más auténtica de la zona. Muy cerca tiendas de moda alternativas y bares como El Cafetín, Café San Jaume, El Negrito, La Década de Oro. Esta última con sus subastas de objetos inútiles los jueves por la noche.
Volviendo de la subasta, me lié a hablar con un elemento que resultó ser historiador y que me contó alguna de las historias del Carmen. Como la de aquella casa en la calle Alta a donde Heminway escapó durante unos meses de la popularidad y la prensa, en una ciudad de los 50s muy degradada bautizada por un amigo suyo como “la verruga del Mediterráneo”.
Nunca con esa tarjeta, se reinventaron muchas ciudades. Si bien es cierto que Valencia de reinventarse sabe mucho. Cada año lo hace con sus Fallas. Fiesta mundialmente conocida y endogámicamente comunicada.
El valenciano costruye y derriba, crea y quema, trabaja y disfruta. Vive y muere. Como la vida misma.



